martes, 19 de febrero de 2008

EJERCICIOS DE ADMIRACIÓN

" O POETA É UM FINGIDOR "
Fernando Pessoa, poeta portugués y de todos, podría haber escrito así el prólogo al compendio ensayístico de E. M. Ciorán : Ejercicios de admiración. TusQuets.

Antiprofeta rumano, fallecido en Francia.
Pensó en Borges.
Leamos

" El último delicado

Querido amigo:
En noviembre, durante su visita a Paris, me pidió usted que colaborase en un libro de homenaje a Borges. Mi primera reacción fue negativa; la segunda...también. ¿Para qué celebrarlo cuando hasta las universidades lo hacen ? La desgracia de ser 'conocido' se ha abatido sobre él. Merecía algo mejor. Merecía haber permanecido en la sombra, en lo imperceptible, haber continuado siendo tgan inasequible e impopular como lo es el matiz. Ese era su terreno. La conspiración es el peor de los castigos -para el escritor en general y muy especialmente para un escritor de género. A partir del momento en que todo el mundo le cita, ya no podemos citarle o, si lo hacemos , tenemos la impresión de aumentar la masa de us 'admiradores', de sus enemigos. Quienes desean hacerle justicia a toda costa no hacen en realidad más que precipitar su caída.
Pero no sigo, porque si continuase en este tono acabaría apiadándome de su destino. Y tenemos sobrados motivos para pensar que él mismo se ocupa ya de ello.
Creo haberle dicho en otra ocasión que si Borges me interesa tanto es porque representa un espécimen de la humanidad en vías de desaparición y porque encarna la paradoja de un sedentario sin patria intelectual, de un aventurero inmóvil que se encuentra a gusto en varias civilizaciones y en varias literaturas, un monstruo magnífico y condenado. En Europa, como ejemplar similar se puede pensar en un amigo de Rilke,Rudolf Kassner, que publicó a principios de siglo ( nota de felo: esta carta dirigida a Fernando Savater que se somete a sus lecturas está fechada en el año 1976) un excelente libro sobre la poesía inglesa ( fue después de leerlo, durante la última guerra, cuando me decidí a aprender el inglés...) y que ha hablado con admirable agudeza de Sterne, Gogol, Kierkegaard y también de Magreb o de la India. Profundizdad y erudición no se dan juntas; él había logrado sin embargo reconciliarlas. Fue un espíritu universal, al que sólo le faltó la gracia, la seducción. Es ahí donde aparece la superioridad de Borges, seductor inigualable que llega a dotar a cualquier cosa, incluso al razonamiento más arduo, de un algo impalpable, aéreo, transparente. Pues todo en él es transfigurado por el juego, por una danza de hallazgos fulgurantes y de sofismas deliciosos.
Nunca me han atraído los espíritus confinados en una sola forma de cultura. No arraigarse, no pertenecer a ninguna comunidad: ésa ha sido mi divisa y continúa siéndolo. Vuelto hacia otros horizontes, siempre he intentado saber qué sucedía en todas partes. A los veinte años, los Balcanes no podían ofrecerme ya nada más. Ese es el drama, pero también la ventaja de haber nacido en un medio cultural de segundo orden. Lo extranjero se había convertido en un dios para mí.
De ahí esa sed de peregrinar a través de las literaturas y de las filosofías, de devorarlas con un ardor mórbido. Lo que sucede en el Este de Europa debe necesariamente suceder en los países de Hispanoamérica, y he observado que sus representantes están infinitamente más informados y son mucho más cultivados que los occidentales, irremediablemente provincianos. Ni en Francia ni en Inglaterra veo a nadie con un curiosidad comparable a la de Borges, una curiosidad llevada hasta la manía, hasta el vicio, y digo vicio porque, en materia de arte y de reflexión, todo lo que no degenere en fervor un poco perverso es superficial, es decir, irreal.
Siendo estudiante, tuve que interesarme por los discípulos de Schopenhauer. Entre ellos, un tal Philipp Mainländer me había llamado particularmente la atención. Autor de una Filosofía de la liberación, poseía ademas para mí el aura que confiere el suicidio. Totalmente olvidado, yo me jactaba de ser el único que me interesaba por él, lo cual no tenía ningún mérito, dado que mis indagaciones debían conducirnos inevitablemente a él. ¡ Cuál no sería mi sorpresa cuando, muchos años más tarde, leí un texto de Borges que le sacaba precisamente del olvido!. Si le cito este ejemplo es porque a partir de ese momento me puse a reflexionar seriamente sobre la condición de Borges, destinado, forzado a la universalidad, obligado a ejercitar su espíritu en todas las direcciones, aunque no sea más que para escapar a la asfixia argentina. Es la nada sudamericana la que hace los escritores de aquel continente más abiertos, más vivos y más diversos que los europeos del Oeste, paralizados por sus tradiciones e incapaces de salir de su prestigiosa esclerosis.
Puesto que le interesa saber qué es lo que más aprecio en Borges, le responderé sin vacilar que su facilidad para abordar las materias más diversas, la facultad que posee de hablar con igual sutileza del Eterno Retorno y del tango. Para él 'todo vale', puesto que él mismo es el centro de todo. La curiosidad universal es signo de vitalidad únicamente si lleva la huella absolutade un yo, de un yo del que todo emana y en el que todo acaba: comienzo y fin que puede, soberanía de lo arbitrario, intepretarse según los criterios más caprichosos. ¿ Dónde se halla la realidad en todo esto ?. El Yo, farsa suprema...El juego en Borges recuerda la ironía romántica, la exploración metafísica de la ilusión, el malabarismo con lo ilimitado. Friedrich Schlegel, hoy, se halla adosdo a la Patagonia...
Una vez más, no podemos sino deplorar que una sonrisa enciclopédica y una visión tan refinada como la suya susciten una aprobación general, con todo lo que ellos implica..Pero, después de todo, Borges podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas y, si existe una utopía a la cual yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo le imitaría a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al ' último delicado'..."

1 comentario:

Silvia dijo...

sencillamente, muy buena!. Se me hace que Ciorán simplemente usa a Borges como excusa, como el material sobre el cual hacer que nuestros ojos se deleiten leyendo sus palabras.
Silvia